lunes, 28 de noviembre de 2016

Revista Imán





El último número de la revista Imán, revista de la Asociación Aragonesa de Escritores, recoge artículos tan interesantes como el de Alfredo Moreno, sobre la relación Cine-Televisión, o relatos como los de María Dubón y José Antonio Prades, mi socio, o poesía del nivel de la de Ángel Guinda. Y ya, si os apetece, también podéis leer algún poemilla mío. Fácilmente entenderéis que sea un honor para mí aparecer al lado de estos virtuosos.
Y dar las gracias a Fernando Aínsa por la labor realizada al frente de la revista durante tantos años, así como a todo su equipo.

domingo, 14 de agosto de 2016

Big Bang






Camino temblorosa por una Tierra que no es la mía
-no he puesto nombre a sus pueblos ni a sus arroyos,
sus aromas me salpican de gotas desconocidas
y en este viento no encuentro mi brisa-.
Sin embargo, si no respiro, tiene apariencia familiar,
como si todos los trayectos
me llevaran a lugares que ya visité.
El Hacedor no se ha dado cuenta aún:
mi Planeta explotó y ni el embaucador decorado
va a poder devolverme al que alguna vez fuera
mi Universo Imaginario.


©Anabel

lunes, 25 de julio de 2016

Mi ovario superfluo







Lo duplicado posee la gracia
de ser  innecesario.
El repuesto asegura
la funcionalidad de lo primordial.
Y, entonces, me pregunto
¿en qué pensaba el arquitecto divino
al otorgarnos tan solo un corazón?


©Anabel

jueves, 23 de junio de 2016

Para quemar





Me sobra la niebla de las miradas oscuras,
los gestos grandilocuentes
y las malas intenciones.
Me sobra la luz mortecina de la decepción,
la estulticia del arrogante,
la estupidez generalizada,
la ausencia de rigor,
la desidia cotidiana.
Me sobra aquel que confunde
churras con merinas y se cree un genio,
el que la hace y no la paga,
el que se imagina único habitante de su mundo
y escribe con faltas de ortografía,
el que malgasta su tiempo
y hace malgastar el de los demás.
Me sobra la mentira tanto como la desconsideración,
la cobardía en los sentimientos
y la falta de entusiasmo.

Fuego,
siembra pavesas purificadoras
con estas semillas del mal,
para recoger el fruto de los sueños
y la mezcla ardiente de todos los deseos.


©Anabel

lunes, 6 de junio de 2016

Nunca y Ahora




Sé lo que significa nunca,
desde siempre lo sabía,
aunque la farsante esperanza nublase,
en noches de luna llena,
mi sentido común
para convertirlo en pasto de ilusiones
y en suspiros lanzados al vacío,
el hogar de la esperanza.

Ahora
- este ahora que ya siempre será nunca-,
cuando las hormonas consiguieron ordenarse,
cuando la piel no se recupera,
cuando los ojos escasamente se humedecen,
ahora,
las insignificantes hormigas de la expectación
no pueden ni siquiera arañar
mis enormes patas de elefante desmemoriado.


©Anabel

viernes, 1 de abril de 2016

21 gramos





Me pesa el cabello detrás de la oreja,
la aureola de mi pezón,
los 21 gramos que me sobran y
la confesión que no hice
del pecado que no cometí.
Me pesa la lacra del pasado,
el futuro ciego y
este presente sin resolver.
Me pesa tu mirada
en lo más hondo de mi estómago,
me pesan estas teclas mortecinas
que ya nunca suenan como me imagino.
Me pesa esta existencia vana y arrogante,
tan insulsa como un telón sin escenario,
tan aburrida como la línea recta.
Mis brazos de romana se inclinan exageradamente
hacia el lado equivocado
y a mi rectilínea existencia le persigue
el contrapeso que nunca calculé.


© Anabel

lunes, 21 de marzo de 2016

Gilda



Quisiera ser la Gilda que,
al quitarse un guante infinito,
convincente se desnuda;
aquella que varía el clima
con un solo parpadeo o con un golpe de melena.
Imposibilita mi deseo carecer de guantes
y tener las pestañas escasas.
Sin embargo, me reconozco
en la Rita de ausente mirada,
en la alcohólica que no recuerda porque no quiere,
en la mujer madura que mira hacia atrás y no ve nada,
en la actriz que ama porque se lo ordena un letrero.
Aquella a la que le cortaron el cabello y la tiñeron de rubia
y que jamás volvió a sentirse,
con certeza, hermosa.


© Anabel

lunes, 14 de marzo de 2016

Insignificancias




I
Es mi vida tan miserable
como la de una mosca,
la duración es lo único
que las diferencia.

Y, al menos,
ella vuela.


II
No se puede perder aquello por lo que no se ha luchado,
tal vez por eso no retuve el espíritu de los ochenta.
Es el siglo XXI quien me despierta cruel
de mi letargia inútil,
quien me pincha con sus agudos vértices,
quien me echa en cara las equis de las etiquetas,
quien me recuerda lo que insisto en olvidar.
Busco la ceguera mirando al Sol,
magnánimo me regala la nimiedad de mi ser,
lo inservible de mis devaneos existenciales.
Las gafas de sol cubren mi húmeda sonrisa:
me alivia el saber que no importa mi dolor,
la insignificancia me protege
y la culpa desaparece. 

© Anabel

viernes, 4 de marzo de 2016

Días que no volverán






Usurpadora adolescente que quiso apoderarse
de un futuro en fucsia y de alegrías ininterrumpidas
que nunca le pertenecieron.
Los sueños sin porros dejan despertares letales,
porque las expectativas colocan
y, casi nunca, en la posición adecuada.
Correr demasiado para llegar al mismo destino
no vale la pena si es el viaje lo que se pierde:
el periplo y sus recovecos
será lo único que recordemos.
Tarde se aprecia, demasiado tarde para llegar a Ítaca tan pronto.
El aprendizaje apresurado, la esclavitud hormonal,
la dicotomía casa-calle, que siempre vencía el asfalto,
el alcohol y la música, benditos bares,
el olor a tabaco y hierba en las bragas.
¿Qué me queda de los ochenta?
La nostalgia y unas cuantas arrugas.
Y algo que no puedo reprimir:
que el corazón me lata desaforado al escuchar
aquellas melodías que me hacían creer
que todo era posible,
que el tiempo era infinito y
que, sin dudarlo, podía ser del lugar la reina.


© Anabel

jueves, 11 de febrero de 2016

Mi ovario derecho



El dolor metálico de mi ovario derecho
es un aviso insistente,
tanto como la presbicia de mi ojo izquierdo.
Simetría repartida a pérdidas iguales
que muestra un camino discontinuo.
Señales infalibles y crueles
me recuerdan cada mañana
que he vivido la mitad de las mañanas.
No es la incógnita de la cantidad lo que me asusta,
es la duda de la calidad de lo que me resta
lo que me impide dormir como la joven
que alguna vez habitó en mí.
Quizás la abandonara demasiado pronto,
pues ya hace lustros que me siento vieja,
y ahora, en esta caída a cámara lenta,
acuso más que nunca lo que no fui,
lo que no aprecié y, sobre todo, lo que no osé.
Sé que hay mucho por delante y por aprender,
sé de la esperanza como la última en abandonar,
pero también sé que la felicidad,
la felicidad más calmada y duradera,
sólo la he encontrado en mi muñeca sin reloj
y en el no esperar más que la siguiente inspiración.


© Anabel