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martes, 17 de octubre de 2017

Que llueva, que llueva...



Busco las nubes borrachas de rocío
como un zahorí lisiado,
sin varita mágica y casi desesperanzada,
armada con rabia furtiva y
con un deseo imperioso
de que la milagrosa lluvia
nos apague fuegos e incendios,
nos limpie la piel de corazas absurdas,
nos arranque escamas de pez egoísta
y nos deje desnudos
como salimos de nuestras madres
─aunque a veces se nos olvide,
todos tenemos una─.
Que un diluvio nos robe las posesiones,
nos esterilice la mirada,
nos extirpe el gen cainita;
que un sunami nos revuelva las almas
y azarosamente las reparta
para sentirnos como el de enfrente,
el enemigo, el repudiado.
Poder de agua, universo en una gota,
apiádate de esta raza irracional:
danos la clarividencia
de la consciencia del otro en nuestro yo.


© Anabel

domingo, 3 de septiembre de 2017

Cabello de dios



Cabello de dios
A mi padre

Cabellos de un dios al que envejece el tiempo,
blancos y límpidos
como sábana de primera cuna,
se despeñan entre púas de carey
sobre el huesudo armazón del cansancio;
son nieve que no logra revivir
el hombro rendido;
son ángeles sin alas
que no se apenan de la caída;
son lágrimas
que delatan la angustia
del alma de quien ya la siente lejos.
Y el dios de polvo no para de pensar
que su eternidad no tiene futuro
y que morir en el momento preciso
tuviera que formar parte de los Diez Mandamientos.


©Anabel

jueves, 24 de agosto de 2017

Océano Maldito




Salvarnos de la zozobra,
pero, sobre todo, de nosotros mismos,
es el propósito de la Existencia.
Sin embargo,
apenas nos mantenemos a flote
en un mar de egos y arrogancia,
mientras nos enamoramos
de pompas de jabón y fuegos artificiales,
tan insulsos, tan nimios
como la vida que creemos vivir
o que simplemente soñamos.
No escuchamos a la madre Brújula,
la que nos revela los auténticos Horizontes,
y nos aferramos
a nuestra férrea voluntad
como náufragos oxidados que,
ignorantes de las leyes del (A)mar,
no soportan               
ni el lastre de la esperanza
ni el anclaje del destino.
El fondo del Océano
se va tapizando de esforzados esqueletos
que nunca más se exhibirán
ni conocerán la dicha
de haber fructificado la tierra firme
con las semillas de la calma
y los genes del fervor.


© Anabel

jueves, 4 de mayo de 2017

Te lo juro





Está tan lejos de mí
la intención de hacerte daño
como lo estuvo tu respeto por mis sentimientos
y por mi dolor.
Que te mantengas feliz
fuera de mi espacio vital
es mi mayor deseo,
que recojas tus frutos
y tus sueños
del ánfora de tus méritos;
que respires oxígeno puro,
que bebas agua clara
para que seas capaz de ser ecuánime,
que no justiciero,
para que entiendas lo que significa
ser libre, libre de verdad y no de fachada.
Te juro que no quiero lastimarte,
te lo juro por lo que más quieras,
sea lo que sea.
Pero el tiempo de conceder
se acabó:
dar tanto incapacita para volver a creer
y agota la confianza.
Así que sin puyas, sin odio, sin rencor,
te lo juro, te juro
que no quiero herirte,
es sólo que la indiferencia
ya no me permite ponértelo fácil.



© Anabel

sábado, 1 de abril de 2017

Maldito corazón fuerte


Piel con escamas de pez anciano
por donde resbalan los recuerdos
a una parsimonia cruel.
Patinan las imágenes por su mirada
como el nadador por una piscina
olímpicamente olvidadiza.
Sus piernas se han unido al juego de la flor de loto
y se han negado a sostener
ese cuerpo vacío que a expensas y a duras penas
vive de un corazón fuerte.
Músculo forjado a base de
sacrificios sin recompensa,
madrugones sin sol,
matrículas rasgadas,
dolores sin epidural.
¿Por qué eres tú el único órgano que recuerda
como era aquello de vivir?
¿Crees que por convertirte en acero
no te oxidarás?
Oh, corazón, corazón fuerte,
maldito seas
por empeñarte en tu legado de latidos sin rumbo,
porque tu obstinación es mi dolor
y tu rendición, mi orfandad.


© Anabel

jueves, 9 de febrero de 2017

Hibernorum




La niebla escurridiza como piel de pez,
el albor del reflejo resbalando sobre el hielo,
el tímido sol que casi no alumbra ni molesta,
la madrugadora escarcha tiñendo la hierba,
la liviana nieve que encorva el árbol,
la espera apaciguada de la utopía,
el calor desinteresado de una manta,
el barroco güisqui en mi boca ávida.

En el abrazo gélido del invierno
no elucubro pasados mejores,
ni futuros imposibles,
me quedo, con mis canas, en la certeza
de que la existencia abarca este presente,
de que el segundo actual es el único tempo,
pues lo anterior
siempre es modificado
y lo posterior
no es.


© Anabel

lunes, 16 de enero de 2017

Madurez

El Roto, 2 de enero de 2017





Celebrar el mismo año nuevo cada uno de enero
es una rutina,
como la de romper envoltorios
y soplar las mismas velas
a pesar de que se empeñen en sumar,
y sumar,
y sumar...

Besos que recuerdan otras bocas,
días que repiten nubes y luces
delatando a un Universo hermoso,
pero finito.

Versiones originales eternamente repetidas
que logran engañar los sentimientos
como si no hubiera existido un ayer.

Porque ser puros, vírgenes, inmaculados,
porque asombrarnos ante la vieja vida
es señal de primorosa,
lejana e irrecuperable juventud.



Instalarse en la madurez significa
no estrenar ningún amanecer,
ni inaugurar veranos;
no sorprenderse por la hoja que emprende el otoño,
ni por la nieve sobre el mar.

Instalarse en la madurez significa
no volver a hacer nada por primera vez,
ni siquiera volver a morir,
aunque ya no resucites más.



© Anabel

jueves, 8 de diciembre de 2016

Carne canina (Con canas y a lo loco)






Sugieres que son las canas la solución
a la estrechez que me somete
esta armadura cárnica,
carne que tanto me sobra y tanto me aprieta.

Si con ese cano estoicismo,
el déspota deseo hiciera mutis por el foro,
abandonara mis escenarios horizontales,
cesara de otear por encima de las sombrillas,
me dejara ciega ante la chispa hormonal,
indiferente ante un suspiro azul,
sorda ante el roce de una piel;

si el parapeto de la nieve madura
me aislara en una burbuja opaca,
me desterrara de las butacas de un cine,
me alejara de letras coleantes,
me otorgara el olvido de aires húmedos,
me impermeabilizara de tan pocos besos,
me concediera el don de la verdad despellejada;

ay, querida, si eso fuera así
resaltaría los mechones blancos y furiosos
que agazapados sacuden mis sueños
y los relegaría de su orfandad
regando mi testa con un alud sereno
que me abriese la última y sosegada puerta
la cual, a pesar de todos los pesares
y de mi corazón abatido,
no quiero traspasar aún.


Not yet, not yet.

© Anabel

lunes, 28 de noviembre de 2016

Revista Imán





El último número de la revista Imán, revista de la Asociación Aragonesa de Escritores, recoge artículos tan interesantes como el de Alfredo Moreno, sobre la relación Cine-Televisión, o relatos como los de María Dubón y José Antonio Prades, mi socio, o poesía del nivel de la de Ángel Guinda. Y ya, si os apetece, también podéis leer algún poemilla mío. Fácilmente entenderéis que sea un honor para mí aparecer al lado de estos virtuosos.
Y dar las gracias a Fernando Aínsa por la labor realizada al frente de la revista durante tantos años, así como a todo su equipo.

domingo, 14 de agosto de 2016

Big Bang






Camino temblorosa por una Tierra que no es la mía
-no he puesto nombre a sus pueblos ni a sus arroyos,
sus aromas me salpican de gotas desconocidas
y en este viento no encuentro mi brisa-.
Sin embargo, si no respiro, tiene apariencia familiar,
como si todos los trayectos
me llevaran a lugares que ya visité.
El Hacedor no se ha dado cuenta aún:
mi Planeta explotó y ni el embaucador decorado
va a poder devolverme al que alguna vez fuera
mi Universo Imaginario.


©Anabel

lunes, 25 de julio de 2016

Mi ovario superfluo







Lo duplicado posee la gracia
de ser  innecesario.
El repuesto asegura
la funcionalidad de lo primordial.
Y, entonces, me pregunto
¿en qué pensaba el arquitecto divino
al otorgarnos tan solo un corazón?


©Anabel

jueves, 23 de junio de 2016

Para quemar





Me sobra la niebla de las miradas oscuras,
los gestos grandilocuentes
y las malas intenciones.
Me sobra la luz mortecina de la decepción,
la estulticia del arrogante,
la estupidez generalizada,
la ausencia de rigor,
la desidia cotidiana.
Me sobra aquel que confunde
churras con merinas y se cree un genio,
el que la hace y no la paga,
el que se imagina único habitante de su mundo
y escribe con faltas de ortografía,
el que malgasta su tiempo
y hace malgastar el de los demás.
Me sobra la mentira tanto como la desconsideración,
la cobardía en los sentimientos
y la falta de entusiasmo.

Fuego,
siembra pavesas purificadoras
con estas semillas del mal,
para recoger el fruto de los sueños
y la mezcla ardiente de todos los deseos.


©Anabel

lunes, 6 de junio de 2016

Nunca y Ahora




Sé lo que significa nunca,
desde siempre lo sabía,
aunque la farsante esperanza nublase,
en noches de luna llena,
mi sentido común
para convertirlo en pasto de ilusiones
y en suspiros lanzados al vacío,
el hogar de la esperanza.

Ahora
- este ahora que ya siempre será nunca-,
cuando las hormonas consiguieron ordenarse,
cuando la piel no se recupera,
cuando los ojos escasamente se humedecen,
ahora,
las insignificantes hormigas de la expectación
no pueden ni siquiera arañar
mis enormes patas de elefante desmemoriado.


©Anabel

viernes, 1 de abril de 2016

21 gramos





Me pesa el cabello detrás de la oreja,
la aureola de mi pezón,
los 21 gramos que me sobran y
la confesión que no hice
del pecado que no cometí.
Me pesa la lacra del pasado,
el futuro ciego y
este presente sin resolver.
Me pesa tu mirada
en lo más hondo de mi estómago,
me pesan estas teclas mortecinas
que ya nunca suenan como me imagino.
Me pesa esta existencia vana y arrogante,
tan insulsa como un telón sin escenario,
tan aburrida como la línea recta.
Mis brazos de romana se inclinan exageradamente
hacia el lado equivocado
y a mi rectilínea existencia le persigue
el contrapeso que nunca calculé.


© Anabel

lunes, 21 de marzo de 2016

Gilda



Quisiera ser la Gilda que,
al quitarse un guante infinito,
convincente se desnuda;
aquella que varía el clima
con un solo parpadeo o con un golpe de melena.
Imposibilita mi deseo carecer de guantes
y tener las pestañas escasas.
Sin embargo, me reconozco
en la Rita de ausente mirada,
en la alcohólica que no recuerda porque no quiere,
en la mujer madura que mira hacia atrás y no ve nada,
en la actriz que ama porque se lo ordena un letrero.
Aquella a la que le cortaron el cabello y la tiñeron de rubia
y que jamás volvió a sentirse,
con certeza, hermosa.


© Anabel

lunes, 14 de marzo de 2016

Insignificancias




I
Es mi vida tan miserable
como la de una mosca,
la duración es lo único
que las diferencia.

Y, al menos,
ella vuela.


II
No se puede perder aquello por lo que no se ha luchado,
tal vez por eso no retuve el espíritu de los ochenta.
Es el siglo XXI quien me despierta cruel
de mi letargia inútil,
quien me pincha con sus agudos vértices,
quien me echa en cara las equis de las etiquetas,
quien me recuerda lo que insisto en olvidar.
Busco la ceguera mirando al Sol,
magnánimo me regala la nimiedad de mi ser,
lo inservible de mis devaneos existenciales.
Las gafas de sol cubren mi húmeda sonrisa:
me alivia el saber que no importa mi dolor,
la insignificancia me protege
y la culpa desaparece. 

© Anabel

viernes, 4 de marzo de 2016

Días que no volverán






Usurpadora adolescente que quiso apoderarse
de un futuro en fucsia y de alegrías ininterrumpidas
que nunca le pertenecieron.
Los sueños sin porros dejan despertares letales,
porque las expectativas colocan
y, casi nunca, en la posición adecuada.
Correr demasiado para llegar al mismo destino
no vale la pena si es el viaje lo que se pierde:
el periplo y sus recovecos
será lo único que recordemos.
Tarde se aprecia, demasiado tarde para llegar a Ítaca tan pronto.
El aprendizaje apresurado, la esclavitud hormonal,
la dicotomía casa-calle, que siempre vencía el asfalto,
el alcohol y la música, benditos bares,
el olor a tabaco y hierba en las bragas.
¿Qué me queda de los ochenta?
La nostalgia y unas cuantas arrugas.
Y algo que no puedo reprimir:
que el corazón me lata desaforado al escuchar
aquellas melodías que me hacían creer
que todo era posible,
que el tiempo era infinito y
que, sin dudarlo, podía ser del lugar la reina.


© Anabel

jueves, 11 de febrero de 2016

Mi ovario derecho



El dolor metálico de mi ovario derecho
es un aviso insistente,
tanto como la presbicia de mi ojo izquierdo.
Simetría repartida a pérdidas iguales
que muestra un camino discontinuo.
Señales infalibles y crueles
me recuerdan cada mañana
que he vivido la mitad de las mañanas.
No es la incógnita de la cantidad lo que me asusta,
es la duda de la calidad de lo que me resta
lo que me impide dormir como la joven
que alguna vez habitó en mí.
Quizás la abandonara demasiado pronto,
pues ya hace lustros que me siento vieja,
y ahora, en esta caída a cámara lenta,
acuso más que nunca lo que no fui,
lo que no aprecié y, sobre todo, lo que no osé.
Sé que hay mucho por delante y por aprender,
sé de la esperanza como la última en abandonar,
pero también sé que la felicidad,
la felicidad más calmada y duradera,
sólo la he encontrado en mi muñeca sin reloj
y en el no esperar más que la siguiente inspiración.


© Anabel

martes, 22 de septiembre de 2015

Carcoma





Saber que has perdido relaja,
ya nada te obliga.
Sin embargo, el descanso no aparece,
asoma la duda como la carcoma en la madera
y se ensaña con los huesos,
delicadas virutas blancas.
La derrota no proporciona tregua,
a pesar de lo que ha costado:
la carne recoge y graba
lo que el alma desea olvidar.



©Anabel

lunes, 29 de junio de 2015

Tras la batalla




Las derrotas
subsanan infartos a base de cicatrices,
convierten pieles en lonas impermeables
y confieren al vencido una apariencia fura,
resistente y resbaladiza.
Y es sólo en el reflejo de la soledad del guerrero
donde se puede observar una belleza tan etérea
como la amargura de lo que pudo ser y no fue.


©Anabel